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GLOCALIZACIÓN: ""Acción y efecto de preservar lo local de todo aquello que provenga de forma global y no sea beneficioso para la biodiversidad que lo recibe"

lunes, 21 de noviembre de 2011

GLOCALISMO: Un camino hacia el Mundo que Queremos

Aunque el término Glocalismo ha sido utilizado, y lo sigue siendo, por otros autores, en especial, por el filósofo y sociólogo polaco Zigmun Bauman, en mi caso, llegué a él tras concebirlo en mi interior sin saber de su existencia previa. Bien es verdad, que unos meses antes supe del lema “piensa globalmente, actúa glocalmente”, quedándoseme grabado el interesante concepto de lo glocal (global y local). Pues bien, a principios del año 2011 comprendí que el título que tenía reservado para la obra, que en esos momentos estábamos escribiendo Emilio Carrillo y yo, se quedaba corto, y fue entonces cuando afloró con gran fuerza en mi mente la idea de lo glocal. Tras reflexionar un tiempo sobre ello, pensé en desarrollar el concepto Glocalismo para usarlo como título de dicha obra, compuesta actualmente por dos libros.

Tras consultar por internet y comprobar que glocalismo y glocalización ya existían como conceptos enriquecedores y complementarios de globalismo y globalización, traté de encontrar una definición de los mismos. Al no encontrarla, decidí definir Glocalización como: “acción y efecto de preservar lo local de todo aquello que provenga de forma global y no sea beneficioso para la biodiversidad que lo recibe”. No obstante, tras esta definición corta, las implicaciones que le doy a Glocalismo son mucho más amplias y profundas. Aparte de tomar en consideración que lo local y lo global (lo glocal) son las dos caras de la misma moneda (la acción local produce  efectos globales y la acción global produce efectos locales), he querido dar un significado más completo y definitivo al término Glocalismo. Pretendo definir con dicho concepto el nuevo sistema de relaciones humanas (a nivel social, político y económico) que está emergiendo en todo el planeta, como modelo alternativo del actual sistema capitalista. Y esto está siendo posible gracias a que cada vez son más las personas que apuestan por vivir una vida más sencilla, consumiendo únicamente lo necesario para llevar una vida digna (sobre todo productos locales, ecológicos, de comercio justo y de segunda mano), compartiendo con los más necesitados, cooperando en la creación de economías alternativas (como los bancos del tiempo, los mercados de trueque, las monedas sociales, las gratiferias…), y sobre todo reverenciando y regresando a la naturaleza para construir nuevos modelos de convivencia en zonas rurales, ya sea recuperando pueblos y aldeas abandonadas o  en estado progresivo de abandono, o bien, creando ecoaldeas en plena naturaleza. En ambos casos, el abastecimiento de los productos de primera necesidad sería de producción propia. Por tanto, la nueva organización social glocalista evolucionará hacia un mundo de comunidades autosuficientes, apoyadas en las tecnologías de la autosuficiencia, generadoras de riqueza local (salud, educación, empleo, cultura, energía, alimentos, ropa, calzado,…) y amparadas en una política glocal.

Antes de profundizar más sobre el título que encabeza este artículo, quiero aclarar que la obra “Glocalismo” se debe entender dentro del contexto de continuidad del libro “La Huelga Tranquila”, sobre todo de su epílogo, donde mi Gran Esperanza de que un mundo mejor es posible, se materializa desde mi interior en una versión de la realidad que deseo para mí, pero sobre todo para mi hijo y para las generaciones venideras. A esta, mi versión particular de la realidad, la he llamado la Visión del Mundo que Queremos.


Tengamos muy en cuenta el poder que tienen nuestros pensamientos sobre nuestra vida cuando son acompañados por ciertas emociones y sentimientos, porque siempre terminan materializándose en nuestra realidad sin que haya ningún tipo de limitación. A nivel colectivo, tanto es así que cuanto mayor sea el número de personas que piensen y sientan que un mundo mejor está a nuestro alcance, tanto más fácil será que se pueda lograr. Pero, de igual manera, si hay gran número de personas que no creen en un mundo mejor, o bien, sí que creen, pero no saben qué tipo de mundo mejor quieren ni como llegar a él, o bien, sí que lo saben pero se enfocan en los miedos, es decir, prestan más atención a lo que no quieren del mundo en el que viven (crisis económica, guerras, hambre, destrucción medioambiental,…), entonces de igual manera se impedirá o retrasará el logro de ese mundo mejor. Dicho de otra manera: si cada vez somos más las personas que creemos que un mundo mejor es posible, que además intuimos o sabemos cómo podríamos construirlo, deseándolo de todo corazón primero y entregándonos a su realización después, entonces, tarde o temprano, lograremos hacerlo realidad. Para ello es necesario que cada uno de nosotros comparta su propia versión de la realidad y, al mismo tiempo, nos interesemos por conocer la de los demás. De esta manera, lo mejor de las versiones más conocidas y apoyadas por las mayorías, tendrá enormes posibilidades de llevarse a cabo.

La Visión del Mundo que Queremos (mi versión de la realidad), expresada con Gran Sentimiento y Esperanza para su cierta materialización presente y futura, la he decidido compartir y difundir, principalmente a través de los libros “La Huelga Tranquila” y “Glocalismo”, con la intención de que todas las personas que aún no tienen claro qué clase de mundo mejor desean ni cómo conseguirlo, encuentren en ellos ideas para construir su propia versión de la realidad como ideal sobre el que orientarse y trabajar.

Actualmente, es cada vez más urgente sentir y pensar que cada uno de nosotros es tremendamente útil y necesario en la construcción de un mundo mejor y más justo. Creer es crear. Y creer juntos en una misma o similar versión de la realidad, es co-crear. Lo importante no es creer en mi Visión del Mundo que Queremos, que desde el año 2009 vengo desarrollando y, al mismo tiempo, enriqueciendo con otras versiones de la realidad de otros muchos autores. Lo importante es que cada cual tenga suficiente fe (creer con mucho sentimiento y con gran convicción) en la realización de la Visión del Mundo que desea para sí y para los demás. Una vez que tengamos claro hacia qué clase de mundo mejor queremos ir, pongámonos en marcha y avancemos con determinación hacia su logro. Compartamos con los demás la forma de hacerlo. Cooperemos, en la medida de nuestras posibilidades, con todas y todos los que avancen en el mismo sentido, sin perder tiempo y energías en propiciar la destrucción del viejo sistema patriarcal que por sí solo irá desmoronándose. De esta manera construiremos algo nuevo y mejor. Pero para ello es preciso, además, que primero seamos coherentes en nuestras vidas cotidianas, sobre todo en lo relacionado con el consumo consciente y con el estilo de vida que llevamos.

Manuel López Arrabal 

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